Pellicer y la prensa de su tiempo*

Henry Ettinghausen

University of Southampton (Reino Unido)
ettinghausen@telefonica.net
JANUS 1 (2012)
Fecha recepción: 19/07/12, Fecha de publicación: 17/09/12
<URL: http://www.janusdigital.es/articulo.htm?id=9>
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Resumen

Los Avisos de José Pellicer de Tovar representan un elemento importante en la historia de la comunicación informativa en la España del siglo XVII. Siendo un servicio manuscrito semanal dirigido a uno o más clientes particulares, los Avisos iban en la misma línea que las gazette italianas estudiadas por Mario Infelise. En el presente trabajo se procura enfocar los Avisos de Pellicer, poniéndolos en relación con otras modalidades noticieras de su época, en particular con gacetas españolas anteriores, con las cartas seriadas y las relaciones atribuidas a Andrés de Almansa y Mendoza, con la Gazette francesa fundada por Théophraste Renaudot, con la correspondencia particular de Quevedo y con las relaciones de sucesos.

Palabras clave
Avisos, prensa, noticias, relaciones de sucesos, gacetas, correspondencias, redes informativas, Gazette, José Pellicer, Quevedo, Renaudot, Almansa y Mendoza.
Title

Pellicer and the Press of his Time

Abstract

José Pellicer de Tovar's Avisos constitute an important element in the history of the news media in 17th-c. Spain. Being a weekly manuscript news service for the benefit of one or more private clients, the Avisos followed similar lines to the Italian gazettes studied by Mario Infelise. The present study aims to analyse Pellicer's Avisos by setting them against other news media of his time, in particular earlier Spanish gazettes, the series of numbered news letters and the relations attributed to Andrés de Almansa y Mendoza, the French Gazette founded by Théophraste Renaudot, the private correspondence of Quevedo, and the so-called relaciones de sucesos.

Keywords
Avisos, press, news, news relations, gazettes, correspondence, news networks, Gazette, José Pellicer, Quevedo, Renaudot, Almansa y Mendoza.

El día que se llegue a escribir una historia realmente pormenorizada de los orígenes de la prensa en España, los Avisos de José Pellicer de Tovar merecerán sin duda un capítulo por sí solos, pues representan uno de los servicios informativos particulares más fascinantes que operaron en una época en la que la prensa ya se había establecido como un medio informativo generalizado [1]. La prensa tiene sus raíces en la práctica epistolar, la cual hizo un salto, tanto cuantitativo como cualitativo, en casi toda Europa precisamente en el momento en que se empezó a establecer la imprenta y se desarrollaron los servicios de correos, gracias a los cuales comenzó a resultar relativamente fácil comunicarse por carta con correspondientes residentes en ciudades lejanas, y hasta en países remotos. Las guerras, el comercio internacional y el descubrimiento de nuevos mundos favorecían, y hacían cada vez más necesaria, la comunicación de noticias. Muy pronto algunas cartas de noticias (como, por ejemplo, las de “descubrimientos” y conquistas) se dan a la imprenta, convirtiéndose en documentos informativos al alcance de un público amplio que, con el paso del tiempo, se convierte en principio en prácticamente infinito. A lo largo de los siglos XVI y XVII la prensa (en el sentido estricto de noticias impresas) se desarrolla en toda Europa a pasos gigantescos, logrando el estatus (del que todavía goza a comienzos del siglo XXI) de las lecturas más corrientes de la población no analfabeta. Hasta finales del reinado de Felipe IV, el modelo que en España predomina en el campo de la comunicación informativa es el de las relaciones: folletos, generalmente de dos o de cuatro hojas, que refieren normalmente una sola noticia y que se publicaron por regla general sin ningún concepto de periodicidad. A lo largo de los siglos XVI y XVII, son millares las relaciones que se publican en España, llegando a varios millones los ejemplares impresos [2].

 

Al hablar de la España del siglo XVII, al igual que en todas partes y en todas las épocas, cabe distinguir entre las “actualidades”, por una parte, y, por otra, la prensa. En efecto, conviene parar mientes en el hecho de que, a pesar de la extraordinaria variedad de noticias incluidas en la prensa, en ella se pasan por alto (o se autocensuran o censuran) una infinidad de noticias más. La distancia que separaba actualidades y prensa a mediados del siglo XVII puede apreciarse precisamente gracias a los Avisos de Pellicer y a las cartas noticieras de Jerónimo de Barrionuevo, dos cronistas de los muchos que debieron de recoger y difundir, en forma manuscrita, a amigos y/o suscriptores particulares, noticias que llegaban a la Corte y que muchas veces no se leían en la prensa impresa. Lo mismo que bajo regímenes autoritarios de otras épocas, había cosas en la Europa del siglo XVII que se podían decir o escribir, pero que no se podían publicar. Por mecanismos todavía difíciles de apreciar y de definir, pero que incluyeron repetidos intentos de censurar la prensa, en España tan sólo se llegaron a publicar noticias capaces de presentarse como solidarias de los valores vigentes y de los intereses creados del gobierno civil y eclesiástico [3]. Dado que la inmensa mayoría de los folletos informativos proclaman desde su primera página (o, si no, en un colofón) que se imprimían “con licencia” y que algunas (aunque muy pocas) llevan aprobación, resulta evidente que sus impresores eran plenamente conscientes de las presiones ideológicas, y de los eventuales castigos judiciales, bajo los cuales trabajaban.

 

Los ejemplos de Pellicer y de Barrionuevo, además de ser paradigmáticos para aclarar tanto los orígenes como la naturaleza de gran parte de la prensa del Siglo de Oro, tienen un interés excepcional por lo que nos permiten apreciar dónde caía la frontera entre lo publicable y lo no publicable a mediados del siglo XVII. Entre los muchísimos aspectos de la prensa primitiva hispánica que están todavía por investigar, hacen falta estudios comparativos de las noticias impresas, por una parte, y, por otra, de las correspondencias particulares de la época que han llegado hasta nosotros. Es por ello por lo que, en lo que sigue, vamos a confrontar los Avisos de Pellicer con diversas modalidades de la difusión, tanto manuscrita como impresa, de noticias en la España del siglo XVII.

 

Pellicer (como, más tarde, Barrionuevo) provee un servicio informativo particular de producción regular. Para ello adopta el medio de la gaceta semanal, que él denomina aviso, o sea un folleto (por supuesto manuscrito, tratándose, como se trata, de un servicio privado) que confecciona cada martes y que luego envía a uno o más clientes. Al igual que las gacetas, avisos y “corantos” impresos a la sazón en otros países (que corresponden a un modelo que no llega a implantarse en España con regularidad periódica y en forma de impresos hasta la aparición en 1661 de la Gaceta Nueva), los Avisos de Pellicer recogen retazos de noticias procedentes de diversas fuentes de información y de varios países. En un intento de situar los Avisos de Pellicer en relación con otros medios de comunicación de su tiempo, los consideraremos frente a formas de información “impersonal” impresa, a un servicio de información supuestamente “personal” pero impreso, y a una correspondencia particular.

   
Gacetas españolas anteriores a los Avisos de Pellicer

Encontramos ya en la España del siglo XVI algunos esfuerzos aislados por conseguir, si no periodicidad, por lo menos una relativa continuidad en la provisión de noticias. La recolección y publicación en un solo panfleto de diversas noticias procedentes de varias localidades geográficas es una práctica que ya se manifiesta en España a mediados del siglo XVI [4] y que se incrementa en la primera mitad del XVII, si bien de una manera harto esporádica. Es probable que tales folletos se inspirasen casi siempre en modelos extranjeros (especialmente italianos, como demuestra Jean-Pierre Étienvre, 1996: 114-115), y muchas veces lo de “inspirarse” es, sin duda, un decir. Un ejemplo típico de relación de avisos, o gaceta, es el panfleto titulado Relacion de los avisos que ay en Roma, desde veynte y seys de Iunio hasta siete de Agosto, deste presente año de 1617. como consta de vna carta que se le embió al Licenciado Antonio Parejo, Racionero de la santa Iglesia de Cadiz, en prosecucion de otros que se le an remitido. Dase cuenta de la toma de Verceli, y de algunos sucessos del Duque de Osuna con Venecianos (2 hs., Córdoba, Francisco de Cea, 1617, Real Academia de la Historia [RAH], Jesuitas, 132/24). Sin embargo, en este caso, según parece, no se trataría de la traducción e impresión de una gaceta publicada con anterioridad en Italia, sino de una carta “privada” enviada desde Italia a un particular español, lo cual implicaría una decisión por parte del destinatario de permitir o procurar que dicha carta se hiciese pública. Además, la frase “en prosecución de otros” parece dar a entender que se trata de una relación que formaba parte de una serie de avisos. En cuanto a las noticias contenidas en esta gaceta, éstas proceden de Roma, París, Nápoles, Milán, Amberes, Constantinopla, Venecia, Praga y Génova. Dan cuenta de sucesos políticos y militares, aunque la noticia enviada desde Amberes es más bien sanitaria, pues consiste en haberse prohibido “toda cosa de leche, por auer entrado la peste en los animales.”

 

Un impreso sevillano del año siguiente trae un título parecido en el que se habla también de “avisos” y se destacan los países y ciudades de los que trata. El impreso se titula: Relacion de avisos de todo lo que ha sucedido en Roma, Napoles, Venecia, Genoua, Sicilia, Francia, Alemania, Inglaterra, Malta y otras partes, desde seis de Enero deste año 1618. embiada desde la dicha ciudad de Roma a esta de Seuilla a vn personage graue (2 hs., Sevilla, Juan Serrano de Vargas, 1618). Aquí también tenemos que vérnoslas supuestamente con la publicación de una carta privada. Se puede apreciar el tenor de las noticias que contiene esta gaceta leyendo sencillamente el resumen de las mismas incluido en la portada en forma de subtítulo “publicitario”:

En la qual, entre otras cosas, dignas de que curiosos las lean, se auisa que su Santidad concluyó la causa de tres Santos Españoles y otro Santo Italiano para Canonizarlos. Y que el Duque de Osuna haze gruessa armada para la primauera. Y como Selin Mustafa, heredero del Turco, dio muerte a dos sobrinos suyos, por assegurarse. Y de la guerra que le preuiene el Persiano. Y de como el gran Galeo[n] de Malta peleó con onze baxeles enemigos, saliendo vitorioso. Y como el Duque de Saxonia se reduxo a ser Catolico, por el exemplo y deuocion que tenia el Rey de Boemia al santissimo Sacramento. Y como Venecia con ayuda de los Olandeses está haziendo vna armada de mas de dozientas velas, para salir en corso. Y de otros muchos auisos de gusto para los Lectores. 


Como se ve, al curioso lector se le invita a que guste de los muchos avisos que ofrece la gaceta, los cuales tratan todos de sucesos militares o eclesiásticos ocurridos en el extranjero que afectarían más o menos directamente los intereses de la política exterior española.

 

Se conocen bastantes folletos informativos más de la misma índole, la mayoría publicados en Sevilla en los últimos años del reinado de Felipe III, y primeros del de Felipe IV, producidos mayormente por los impresores Juan Serrano de Vargas, Francisco de Lira y Simón Fajardo [5]. Sin embargo, también se publicaron en la misma época en Barcelona [6]. Resulta evidente, pues, que, además de las relaciones propiamente dichas que trataban típicamente una sola noticia cada una, se publicaron en ese período, si no con regularidad, sí con alguna frecuencia, pliegos tipo gaceta. Entre las causas de su mayor frecuencia al final de la segunda década, y comienzos de la tercera, del siglo habría que contar seguramente el comienzo de la Guerra de los Treinta Años y la aparición, justo en ese momento histórico, de numerosas gacetas ya de periodicidad regular en otros países europeos, tales como Alemania, los Países Bajos e Inglaterra.

 

Mención aparte merecen los folletos tipo gaceta confeccionados expresamente para ser enviados a, o reimpresos en, las Indias. Se trata de dos formas de compendios de noticias: por una parte, gacetas que se limitan a resumir noticias de España, y, por otra, gacetas que resumen noticias procedentes tanto de España como de otras partes de Europa. Las primeras, casi todas de dos hojas, pueden dividirse a su vez en dos series: primero, folletos impresos mayormente en Lima por Jerónimo de Contreras cuyo título comienza Nuevas de Castilla, de los que conocemos ediciones de 1617, 1621, 1623 y 1624; y, segundo, folletos sin pie de imprenta que detallan provisiones hechas en España para Perú y Nueva España, de los que conocemos ediciones de 1617, 1618, 1623, 1624 y 1625. En cuanto a los folletos tipo gaceta de noticias tanto de España como del resto de Europa, éstos empezaron a publicarse también a partir de finales del reinado de Felipe III, pero siguieron imprimiéndose durante toda la primera mitad del de Felipe IV. Sus títulos varían bastante, siendo los más corrientes: Relación de lo sucedido..., o bien Relación verdadera de todo lo sucedido.... Casi todos ostentan la peculiaridad de que publican, en forma de suplemento, provisiones para las Indias, y muchos carecen de indicación de lugar de impresión [7]. La mayoría de estos impresos cubren los sucesos de un año entero; otros, seis meses; y algunos, dos años.

 

Consideremos dos ejemplos que distan poco en el tiempo del comienzo de la labor periodística de Pellicer. La Relacion de lo mas particular, sucedido en España, Francia, Flandes, Alemania, y en otras partes, desde Abril del año passado de [1]635. hasta fin de Febrero de [1]636 (6 hs., s.l., s.i., s.a. [¿1636?]) se halla plenamente en la línea trazada por la serie de cartas numeradas atribuida a Andrés de Almansa y Mendoza, de quien hablaremos en el siguiente apartado. La gaceta abre con un extravagante elogio de las cualidades personales y profesionales de Felipe IV y luego relata la “santa ceremonia” de la comida ofrecida por el monarca a doce pobres, el jueves santo de 1635. Sigue una cantidad abrumadora de las más diversas noticias de la Corte que se relatan muy escuetamente, destacándose el papel desempeñado en los hechos referidos por sus protagonistas, casi todos ellos miembros de la alta aristocracia y de las altas jerarquías eclesiásticas. Entre los centenares de sucesos mencionados se encuentran algunas noticias de tipo “cultural”, que se anticipan a las que incluye Pellicer en sus Avisos, como la publicación de la Carta a Luis XIII de Quevedo, escrita “con su acostumbrada erudicion, y agudeza”, la representación en el Retiro de la comedia La fábula de Daphne, “con notables tramoyas de grande costa, y artificio, que ordenó Cosme Lot [o sea, Cosme Lotti]”, y la muerte de Lope de Vega, “varon por muchos titulos, insigne, gran padre de la Poesia, respetado, y venerado de naturales, y estrangeros”. Además, al igual que las cartas atribuidas a Almansa y los Avisos de Pellicer, este compendio incluye provisiones de cargos seglares y eclesiásticos, como también noticias acerca de nacimientos, capitulaciones matrimoniales, bodas, enfermedades, muertes y entierros de la élite de la sociedad española, amén de concesiones de mercedes, encomiendas, ayudas de costa, pensiones y títulos. Hasta se mencionan duelos y asesinatos (“vna braua pendencia entre estudia[n]tes” en Salamanca en que “huuo muchas muertes”), sin contar inundaciones ocurridas en Valladolid y Burgos. El redactor incluso se anticipa a Pellicer al referir la reacción pública ante ciertos sucesos, como cuando comenta la muerte del duque de Lerma: “ha sido sentida generalmente, por su poca edad, y muchas partes, y por ver la gran Casa de su abuelo, cuya fama y titulos llenó el mundo, diuidida por falta de varon, entre tantos grandes señores, que no se escusaran pleitos.” Sigue luego un sinfín de noticias más, cuidadosamente ordenadas en apartados titulados: “Prouisiones de Obispados, y otras Dignidades”, “Consejeros”, “Generales, y otros cargos”, “Casamientos”, “Muertes”, “Italia”, “Francia”, “Flandes”, “Alemania” y “Diversas partes”. Estas noticias ocupan más de la mitad de este largo folleto que pretende cubrir los acontecimientos casi de un año que el redactor del mismo consideró, evidentemente, como los más relevantes para sus lectores expatriados. No cabe duda de que ese mismo redactor se consideraba como muy al corriente de la transmisión de noticias a las Indias, pues el folleto termina con este interesante comentario editorial:

No ponemos aqui las prouisiones de Dignidades Eclesiasticas y Seglares del Perú, y Nueua España, ni otros sucessos de Flandes, y otras partes, ni los de Italia con mucha extension, por no repetir lo que se dize en otras Relaciones que se embian, y por euitar prolixidad, que desta causa se ha afectado breuedad, tocando solo lo essencial de los sucessos, sin dilatarlos.
 

Otro folleto de semejante confección, que relata sucesos de los casi dos años que van de febrero de 1637 a diciembre de 1638 [8], se centra en la organización de la guerra contra Francia que tanto lugar ocupa en los Avisos de Pellicer: en particular, la llegada a Madrid del duque de Modena para recibir del rey el cargo de Generalísimo del Mar Océano, Cantábrico y del Norte, y la insigne victoria contra los franceses obtenida en Fuenterrabía en septiembre de 1638. Esta Breue, y ajustada relacion comienza con un elocuente elogio del valor de España y de sus gobernantes: “España, es tan derramada en sus proezas, como ceñida en sus alabanças [...] la vigilancia del Rey nuestro señor, y la assistencia de sus Ministros, atenta siempre à preuenir contra tantos enemigos”. Siguen al primer apartado, titulado “España”, otros dedicados a “Francia”, “Italia”, “Flandes”, “Alemania”, “Brasil”, “Indiferente, y prodigios” y uno muy corto de “Prouisiones”. Al curioso apartado “Indiferente” corresponden varias noticias referentes a victorias conseguidas por Venecia contra fuerzas marítimas turcas, mientras que los “Prodigios” resultan ser la noticia de unas erupciones volcánicas ocurridas cerca de las Islas Terceras, un tipo de noticia a la que se dedican numerosas relaciones de la época y que figura también en los Avisos de Pellicer (Ettinghausen, 1995a).


Las Cartas atribuidas a Almansa y Mendoza

Andrés de Almansa y Mendoza, uno de los primeros promotores en la Corte madrileña del Polifemo y de las Soledades de Góngora, fue el periodista más importante que se conoce de los primeros años del reinado de Felipe IV (Almansa y Mendoza, 2001). Llevan su nombre las 17 “relaciones particulares”, como las llama él, que produjo entre 1623 y 1627 y que versan casi todas sobre actos públicos organizados, primero en la Corte y Villa de Madrid, luego en Barcelona y, finalmente, en Roma, tratando sus primeras seis relaciones la visita a Madrid del príncipe de Gales (Ettinghausen, 1985 y Redondo, 1998). Conocemos ediciones coetáneas de las 17 relaciones, menos la primera, al igual que muchísimas ediciones más de la serie de 17 cartas numeradas que se le ha ido atribuyendo desde hace más de un siglo, aunque tan sólo dos de las mismas (las Cartas 15 y 17) llevan su nombre [9].

 

La serie de cartas numeradas atribuida a Almansa ocupa un lugar excepcionalmente interesante en la historia de la primitiva prensa española, pues constituye una secuencia de gacetas que cubre los primeros tres años y medio del reinado de Felipe IV. En efecto, la serie tiene su origen en un momento crucial de la España del siglo XVII: el cambio de régimen producido a la muerte de Felipe III. La primera carta de la serie está fechada en 13 de abril de 1621, tan sólo dos semanas después de la instauración del nuevo reinado, y comienza dirigiendo las siguientes palabras a su correspondiente anónimo: “Por haberme mandado vuestra merced avise de la muerte de su majestad, le escribo ésta con gusto, por ser muy servidor suyo, y con puntualidad, por haber sido testigo de vistas y oídas de muchas de las cosas que le diré aquí brevemente, por no cansarle” [10]. La carta narra, efectivamente, la última enfermedad y la muerte de Felipe III, citándose (supuestamente palabra por palabra) numerosas conversaciones y declaraciones del rey agonizante. En la última de las cuatro páginas del pliego se refieren los cambios de altos cargos políticos y administrativos llevados a cabo al comienzo del nuevo reinado y descritos por Quevedo en sus Grandes anales de quince días, acabándose la carta con las siguientes palabras: “Otras mil preñeces [es decir, novedades] hay que saldrán a luz a su tiempo, y yo avisaré de ellas. Esto es lo cierto, aunque no lo es todo lo que se dice.” Además de poner de manifiesto de qué modo es lícito afirmar que Almansa fue “el primer periodista que realizó una labor típicamente reporteril” (Sáiz, 1990: 40), esta primera carta de la serie que se le atribuye permite también apreciar cómo, desde el principio, el autor (si es que fue tan sólo uno) de la serie se apropia el papel de portavoz semioficial del nuevo monarca, pues, según declara poco antes del final de la carta, el joven rey ya se había mostrado “un rey Salomón en las palabras y en las obras, pues, empezando a reinar de su misma edad, imita su sabiduría con las más discretas razones, tan presto y a ocasión que se pudieran imaginar; y en las obras empezando por la justicia, virtud propia de los reyes.” Se entiende muy bien cómo a Almansa se le haya considerado un partidario fanático del nuevo régimen [11].

 

La segunda carta, fechada en 16 de mayo, ofrece la relación pormenorizada de los funerales del difunto rey, de la entrada oficial de su heredero en la Villa y Corte, y de “las muchas novedades de esta corte”, comentando su autor: “El mundo se ha revuelto con el nuevo gobierno de esta monarquía” [12]. En la carta tercera, de 22 de julio, se detallan numerosas provisiones (o sea, nombramientos a cargos civiles y eclesiásticos), se refieren los descargos ofrecidos en su juicio por Rodrigo Calderón y su condena a muerte, y se mencionan además algunas noticias de Alemania, aseverando el autor que “La gran prudencia y valor de su majestad, que Dios guarde, su cristiano celo, acertado gobierno y disposición loable, lleva cada día gloriosos aumentos, y se le luce bastantemente a esta dichosa monarquía”, mientras que en la cuarta carta, de 31 de agosto, declara: “Gloriosa corre la felicidad en el gobierno de esta dichosa monarquía. Siglo de oro es para España el reinado del rey nuestro señor Felipe IV, prometiendo tan felices principios prósperos fines”. De hecho, se encuentran comentarios triunfalistas en casi toda la serie.

 

La quinta carta, de 14 de octubre, indica lo mucho que tienen en común Almansa y Pellicer en cuanto a su manera de concebir la naturaleza de la prensa y la relevancia de las noticias. Las principales noticias contenidas en esta carta son las reformas habidas en el Consejo de Hacienda, la llegada a la Corte de embajadores de la Orden de San Juan para dar el pésame por la muerte de Felipe III, algunas provisiones de altos cargos, la detención por orden de Olivares de su propio maestresala, el encarcelamiento en Carabanchel del duque de Osuna, enfermedades de miembros de la familia real y de la alta aristocracia, la cura de la reina, gracias a haberse sacado en procesión la imagen de Nuestra Señora de Atocha, la muerte del obispo de Coria, de la condesa de Paredes y de la marquesa del Valle, diversos ennoblecimientos, el nombramiento en Roma de nuevos cardenales, otras noticias del extranjero (“Avisan de Francia [...], Avisan de Flandes [...], Avisan de Italia [...], Avisan de Alemania”) y la pérdida de una nave procedente de las Indias Orientales. Salta a la vista la mezcla de noticias de la Corte con otras venidas de fuera que caracterizaría también la práctica periodística de Pellicer y de Barrionuevo, y es de notar la manera parecida de extenderse muchas veces la relación de una noticia llegada de fuera no tanto en función de su importancia como, seguramente, más bien de acuerdo con el detalle del reportaje recibido.

 

No obstante, quizás el aspecto más fascinante de la quinta carta atribuida a Almansa sea la enérgica defensa del periodismo con que comienza:

Por la mía de último de agosto habrá sabido vuestra merced las novedades de esta corte, y no he podido ni escribir ésta ni remitir a vuestra merced aquélla con más prisa, porque ha parecido a muchos grande mi cuidado en avisar a vuestra merced de los sucesos de aquí, y han procurado estorbarlo, como si mis cartas tuviesen algo dañoso contra la rectitud y prudencia, pues antes este modo de escribir es loable, pues, sin faltar a la verdad de los sucesos ni sin daño de nadie, se da un alivio lícito a los deseos de los ausentes de la corte para que pasen las horas con menos ocio, entretenimiento a que yo principalmente tiro con escribir a vuestra merced, sin obligarle a que lo crea, pues ni yo escribo más que lo que oigo ni ello tiene fuerza de ley o pragmática que no puede dudarse o contradecirse. Demás de que, si la curiosidad de los libreros es tal que sacan mis cartas a la calle, ¿qué culpa tiene lo que yo hago en mi casa? Vuestra merced, si quiere saber nuevas, las guarde mejor, que no quiero, por servir a vuestra merced disgustar a nadie. Algo correremos atrasados por esta causa en los sucesos. Vuestra merced perdone y consuélese con que siempre es bueno saber novedades, y que para quien no las sabe son flamantes las más viejas. 

 

Resulta impresionante esta manera de echar mano de la prensa para la propia defensa de la prensa, utilizándose una carta abierta para justificar la práctica de la gaceta supuestamente particular. Por más que se sospeche que era el propio autor quien hacía imprimir sus cartas, esta declaración apunta a la delicada relación existente entre correspondencias privadas y la prensa, pues para que un correspondiente se convirtiese en corresponsal, no hacía falta sino que su carta se entregase a un impresor capaz de creer que su publicación le podría traer beneficios económicos [13]. Una de las mayores diferencias entre la práctica periodística de Almansa y la de Pellicer consiste precisamente en el hecho de que los Avisos no se destinaron al gran público. En parte por ello, Pellicer no sintió (como evidentemente sintió Almansa) la necesidad de guardarse las espaldas por medio de elogios extravagantes de la monarquía y el gobierno, y además (como luego comentaremos más largamente) pudo pagarse el lujo de decir cosas que no podían decirse en un texto impreso.

 

El autor de la serie de cartas numeradas atribuidas a Almansa tomó la precaución como mínimo de pretender que las cartas eran particulares y que no estaban destinadas a la imprenta. Además, llama la atención, más allá del anonimato en que se escondieron tanto su emisor (o emisores) como su pretendido destinatario, por lo menos hasta las Cartas 15 y 17 de la serie, el anonimato que encubre al impresor (o impresores) de la misma. En efecto, una de las muchas peculiaridades de la serie consiste precisamente en el hecho de constituir la casi totalidad de las muchas ediciones de la misma algunos de los poquísimos folletos informativos de la época que carezcan de los detalles reglamentarios de fecha y lugar de impresión, nombre del impresor y, sobre todo, mención de la licencia para imprimir [14]. Las cartas almansianas podrían considerarse como una curiosa mezcla de Boletín Oficial del Estado avant la lettre y de gaceta semiclandestina. Por una parte, empezando con la primera, que difunde detalles íntimos de la muerte de Felipe III, las noticias que contienen parecen tener su origen en el seno mismo del gobierno. Por otra, aparecen sin señal alguna de oficialidad y, hasta podría afirmarse, envueltas en un extraño aura de misterio. No tan sólo faltan en ellas los detalles de su impresión y los nombres de su emisor y de su pretendido destinatario, sino que llevan títulos totalmente atípicos que evitan precisar las noticias que contienen.

 

La primera carta de la serie se titula: Copia de una carta que escribió un señor de esta corte a un su amigo, y éste es el modelo que se sigue en las primeras seis cartas de la serie, recalcando, con sus menciones de “un señor” y de “esta corte”, la noción de que se trata de productos exclusivos y de elite. Los títulos de cuatro cartas más de la serie (las Cartas 9 a 12) se caracterizan por su extremadísimo laconismo —sencillamente, Carta nona, Carta décima, Carta undécima, Carta duodécima—, que ya ni siquiera hace la más mínima referencia a los fantasmagóricos emisor y destinatario [15]. En las únicas ediciones antiguas conocidas, dos de las cartas de la serie llevan títulos muy distintos que ponen el énfasis en el hecho de ser dichas cartas (lo mismo que casi todas las demás de la serie) gacetas portadoras de una gran diversidad de noticias. Mientras que la Carta 13 se titula Sucesos de esta corte desde 15 de agosto hasta fin de octubre [de 1623], y la Carta 8 Nuevas generales, desde 22 de octubre de 1621 hasta 18 de marzo de 1622, esta última tiene la peculiaridad de terminar con un apartado titulado “Prouisiones tocantes a Indias”, lo cual da a pensar que al menos parte de esta serie se aprovecharía, en ediciones hechas exprofeso, para el mercado americano.

 

Al igual que en las Cartas atribuidas a Almansa, en algunas de las gacetas sevillanas de los años 20 hallamos nuevas de la Corte madrileña junto con noticias del extranjero, una combinación que se anticipa claramente a la práctica de Pellicer. Un buen ejemplo serían los Avisos de Italia, Flandes, Roma, Portugal, y otras partes, desde 28. de Iulio, hasta 3. de Agosto deste año de [1]625 [...] (2 hs., Sevilla, Francisco de Lira, 1625, British Library [BL] 593h.17(19)). Aunque el título de estos Avisos no hace mención alguna de España, tres de las cuatro primeras noticias que contiene se centran en la Corte madrileña: [1] la fiesta de toros, celebrada el 28 de julio en presencia de los reyes, en que el conde de Coruña metió cincuenta rejones; [2] la “provisión”, hecha el 30 de julio por el rey, de una plaza de maestre de campo de infantería a un hermano del conde de Benavente, y la provisión del arzobispado de Sevilla a D. Diego de Guzmán; y [3] la visita hecha al día siguiente por Felipe IV y el infante Carlos al colegio de la Compañía de Jesús para celebrar la fiesta de San Ignacio, y el entierro de Diego Brochero, Gran Prior de la Orden de San Juan. Las actualidades del extranjero consignadas en estos Avisos son: [1] la noticia, vía “cartas de Paris”, de cómo seiscientos ingleses habían acudido a comulgar al inaugurarse una iglesia católica en Londres; [2] noticias llegadas con “dos Correos juntos”, de Roma y de Génova, de las campañas militares dirigidas contra el Papa por el duque de Alba, y por el duque de Feria en el Monferrato; [3] las nuevas contenidas en “cartas de Lisboa” de la llegada de la escuadra de Vizcaya y de unas carabelas que traían azúcar del Brasil, y de las fiestas en conmemoración de Santa Isabel, reina de Portugal; y [4] la noticia, enviada en “cartas de Alemania”, del socorro financiero ofrecido por el cardenal Dietrichstein al ejército español en Alemania. Lo mismo que en la prensa impresa en general, aquí también se observa que las noticias nacionales proveídas en estos Avisos tienen que ver con la esfera más alta de la sociedad, mientras que las noticias que ofrece del extranjero representan casi todas triunfos de las armas, de la fe y de las finanzas de España.


La Gazette francesa

Uno de los estímulos más potentes, a partir del comienzo de la década de los 30, para la creación periódica en España de folletos (manuscritos o impresos) en que se reuniesen una multiplicidad de noticias fue la fundación, en 1631, por Théophraste Renaudot de la Gazette francesa. Varios números de la Gazette se publicaron en Barcelona, traducidas al catalán, a principios de la década siguiente durante los primeros años de la guerra de separación catalana (Ettinghausen, 1993a: I, 24-30), fundándose la Gazeta portuguesa al mismo momento, en noviembre de 1641, a menos de un año de estallar la guerra de separación portuguesa. El modelo creado por la Gazette francesa, y por periódicos comparables producidos en otros países europeos, debió de influir en la forma de concebir algunos gaceteros españoles la presentación de las noticias. Diez años después de la fundación de la Gazette, cuando Pellicer empieza a redactar sus Avisos, Renaudot publicaba unos doce números cada mes, o sea que su Gazette aparecía con una frecuencia 2,5 veces mayor que los Avisos de Pellicer. Sin embargo, no todos sus números corresponden a lo que se suele entender como el modelo de la gaceta. En efecto, lo que con poca exactitud se conoce globalmente como la Gazette francesa consistía en realidad de tres publicaciones distintas, todas editadas por Renaudot: [1] la Gazette, propiamente dicha, que se publicaba regularmente cada miércoles, [2] las Nouvelles Ordinaires, que salían cada sábado, y [3] las Nouvelles Extraordinaires, que aparecían con menos frecuencia y regularidad. En cuanto a las Nouvelles Extraordinaires, éstas pertenecían al mismo género que las relaciones, y hasta se titulaban a veces Relation, pues cada una se dedicaba exclusivamente, o casi, a relatar con bastante detalle un solo suceso, o a veces dos o tres: típicamente, victorias conseguidas por Francia o sus aliados, o bien noticias de tipo político. Así, para citar un par de ejemplos del año 1641, la Extraordinaire del 17 de septiembre relata el descubrimiento de una conspiración contra el rey de Portugal, aliado de Francia contra España, y una victoria francesa contra tropas imperiales, mientras que la del 22 de noviembre reproduce una carta de Luis XIII a los catalanes y habla de una victoria de las fuerzas papales y del magnífico recibimiento ofrecido al embajador de Francia por el gran duque de Toscania [16].

 

Más cercanas a los compendios de noticias publicados ocasionalmente en España, como también a los Avisos de Pellicer, son las Nouvelles ordinaires y las Gazettes, pues ambas modalidades se componen de retazos de noticias: aquéllas casi exclusivamente de sucesos ocurridos en Alemania, estas últimas de noticias procedentes mayormente de otros países, tales como Italia, España, Inglaterra y Holanda, como también de varias partes de Francia. Sin embargo, incluso las Gazettes se diferencian claramente de la práctica de Pellicer y de sus coetáneos españoles por el poco espacio que dedican a noticias de la Corte. Predominan en ellas noticias de los progresos de la Guerra de los Treinta Años, sobre todo de victorias de Francia y sus aliados, aunque también se informa (en general, muy brevemente) de los actos de la familia real francesa, y del Cardenal Richelieu, y de la muerte de algunos hombres ilustres.

 

Resulta interesante comparar los reportajes de guerra que aparecen en los impresos franceses con los que da Pellicer. Ambos cubren sus respectivos frentes bélicos, en varios de los cuales (en especial, los de Cataluña y de Italia) se enfrentaban tropas españolas y francesas. En muchas ocasiones pueden leerse noticias de la misma batalla en la Gazette y en los Avisos, aunque en general naturalmente redactadas desde puntos de vista totalmente opuestos. Sin embargo, dado que uno de los aspectos en que los Avisos se diferencian de la prensa impresa de su época consiste en las posibilidades que tenía Pellicer para mencionar en sus escritos privados reveses militares padecidos por España, a veces encontramos que coincide con la Gazette en dar una noticia que calla la prensa española impresa. Así, por ejemplo, la Gazette ofrece un reportaje, fechado en 15 de mayo de 1641 y enviado desde Barcelona, que reza: “Les Castillans sont encor à Constantin & Tarragone, d'ou ils n'ozent plus sortir pour se mettre en campagne, depuis la chasse que leur a donnée le sieur de la Motte Houdancourt” [17], noticia que Pellicer confirma, con bastante detalle, en su aviso de 4 de junio:

llegó el Enemigo [a Constantín] i le degolló gran parte de su Gente. Con que lo restante de nuestro Exército está reducido dentro de la Ciudad de Tarragona, teniéndola cortada por Mar vna Armada de catorce Galeras, once Navíos i otras Embarcaciones, i por tierra vn Exército de 2.800 hasta 3.000 Cavallos pequeños, Trece Regimientos de Franceses en que hay 6.000 Hombres, con otros 4.000 Catalanes. Cerrado el Passo del Coll de Balaguer con gran Número de Micheletes, que son Vandidos de la Sierra, de forma que no pueden salir a forragear menos que 500 Cavallos de los Nuestros, si bien su Cavallería teme de la Nuestra; i el mismo día quince la havían corrido i cerrado dentro de su Gruesso [1641-06-04-03] [18].


De hecho, la Gazette es una de las fuentes utilizadas por Pellicer, pues en más de una ocasión él afirma que envía una gaceta francesa a su/s correspondiente/s [19], y la misma confección de los Avisos recuerda muchas veces fórmulas establecidas por las gacetas [20]. Sin embargo, al igual que los de Barrionuevo, los Avisos de Pellicer se diferencian de las gacetas impresas, entre otras cosas, por su tono de relativa intimidad.

 

Redes informativas particulares: el ejemplo de Quevedo

Los textos aducidos hasta ahora para intentar situar el quehacer periodístico de Pellicer difieren de sus Avisos en un particular muy significativo: a diferencia de estos últimos, que no se imprimieron hasta siglo y medio después de su redacción, todos ellos se publicaron en su día. Por más que Pellicer conociera perfectamente la prensa de su tiempo, no hay que perder de vista el hecho esencial de ser los Avisos una serie de cartas noticieras particulares cuyo autor no las destinó a la imprenta. En este respecto tienen mucho en común con las muchas relaciones manuscritas de la época que han llegado hasta nosotros, como también con muchas correspondencias particulares coetáneas. Resulta especialmente interesante comparar la práctica periodística de Pellicer con los comentarios sobre las actualidades de su tiempo que ocupan un lugar tan importante en el epistolario de Quevedo. Esta confrontación se hace todavía más sugestiva si se tiene en cuenta la amistad y la admiración que, al menos en alguna que otra etapa de sus respectivas carreras profesionales, unió a ambos autores y el haber coincidido los dos, precisamente en el período en que Pellicer redactaba sus Avisos, en una tarea de propaganda política: la de contestar un panfleto propagandístico publicado por los rebeldes catalanes [21].

 

Por desgracia, resulta difícil comparar directamente los Avisos de Pellicer con el epistolario de Quevedo, pues los primeros coinciden, casi por completo, con la última prisión del satírico en el convento de San Marcos de León, que duró los tres años y medio que van de diciembre de 1639 a junio de 1643. Si bien Quevedo no estuvo totalmente incomunicado, lo cierto es que no conocemos cartas suyas referentes a las actualidades hasta en los últimos meses de su encarcelamiento, cuando correspondió con dos jesuitas, los PP. Pedro Pimentel y Juan Antonio Velázquez, y es precisamente entonces cuando Pellicer dejó de redactar sus Avisos. Sin embargo, vale la pena confrontar los últimos cinco avisos escritos por Pellicer en 1642 (que van de 12 de agosto a 16 de septiembre) con las cuatro cartas escritas por Quevedo al P. Pimentel, entre 12 de septiembre y 15 de octubre [22].

 

Pellicer y Quevedo centran su atención en un mismo tema principal: las guerras en que España estaba implicada en Italia, Cataluña y Portugal. Ambos autores expresan su preocupación por la posibilidad de que el príncipe Tomás de Saboya abandonase su apoyo a España para actuar a favor de Francia y hacen mención de las diferencias habidas entre Roma y España sobre el nombramiento del embajador español ante la Santa Sede [23]; ambos comentan la situación militar en Cataluña y, en especial, el sitio del presidio español de Perpiñán y su caída a 9 de septiembre en manos de las fuerzas franco-catalanas, coincidiendo ambos autores en el dato de haberse reducido de 3.000 a 500 el número de los defensores cuando se entregó la plaza [24]; y los dos hablan de la guerra con Portugal, aunque Quevedo no menciona la campaña portuguesa contra la ciudad de Monterrey ocurrida a primeros de setiembre de la que Pellicer da un relato bastante detallado [1642-09-16-03]. Dada la situación en la que se encontraba Quevedo, lejos de la Corte y encerrado todavía en el convento de San Marcos, sorprende lo muy bien informado que le muestra su correspondencia [25].

 

Sin embargo, sería lástima limitarnos a tratar únicamente la pequeñísima porción del epistolario de Quevedo que coincide en el tiempo con los Avisos de Pellicer, pues tanto antes como después de dicho período las cartas de Quevedo revelan claramente que tanto él como sus más íntimos correspondientes fueron ávidos consumidores de las actualidades. Éstas les llegaban, de manera parecida a cómo las obtenía Pellicer, por muy variadas vías: no tan sólo por cartas (y por copias de otras) que se les enviaba desde diversos lugares, sino también por sus contactos con importantes personajes del gobierno, bien situados para enterarse de decisiones tomadas, o por tomar, en los consejos reales y de noticias traídas por embajadores, mensajeros y correos. Además, no cabe duda de que el afán de noticias de Quevedo no disminuía cuando se encontraba lejos de la Corte, sino todo lo contrario. A juzgar por su correspondencia, una de sus principales actividades en la Torre de Juan Abad consistía precisamente en esperar impacientemente las noticias que le llegaban desde Madrid para transmitirlas inmediatamente a amigos (en especial, al duque de Medinaceli y a Sancho de Sandoval) que se encontraban igualmente alejados de ese foco primordial de información.

 

Algunas veces, cuando escribe a sus amigos más íntimos, Quevedo no incluye más de algún que otro retazo de noticias de carácter público, como cuando en una carta de mayo de 1634, cuyo principal propósito es dar cuenta al duque de Medinaceli de los negocios tramitados por él en Madrid, le dice de pasada: “Hoy han publicado nuevas (de dos correos que fueron a Aranjuez, de Alemania) que Galaso degolló gente al de Weymar, y que él murió de un mosquetazo. De Canaria: que el enemigo ha tomado una isla” (Epistolario completo: carta CXXXVIII) [26]. Pasa algo parecido en otras cartas suyas, como cuando, en una de enero de 1635, le explica a Sandoval principalmente asuntos domésticos (el placer que le ha dado el regalo que le ha hecho su amigo de aceite, aceitunas, higos y granadas, la construcción de un pozo de nieve, etcétera) y luego intercala algunas noticias venidas de fuera. En “cartas de don Juan de Herrera” le ha llegado la nueva de la llamada hecha a caballeros para el servicio militar en Francia y también rumores de jubilaciones inminentes de miembros del Consejo Real. “Escribiéronme de Madrid” la noticia del viaje a París del marqués de Leganés, de cuya embajada se espera la posibilidad de romperse las hostilidades entre Francia y España. Y, según “me escribe el duque de Medinaceli”, “Las coronelías de los señores, que empezaron en gran furia, [...] han dejado el portante” (Epistolario completo: 281). No obstante, en tales cartas, quizás las más íntimas de su epistolario, lo que le interesa más al lector moderno es precisamente su intranscendencia [27].

 

Sin embargo, en lo que toca a la amplia gama de temas que trata en cartas que tienen un propósito preponderantemente informativo, el epistolario de Quevedo se aproxima a las relaciones tanto manuscritas como impresas de la época, y a la producción de gaceteros semiprofesionales tales como Pellicer y Barrionuevo. Leyendo su epistolario, se puede apreciar cómo, en los diez últimos años de su vida, Quevedo fue siguiendo, paso a paso, el desarrollo de las hostilidades entre Francia y España, sobre todo en los frentes italianos, catalanes y portugueses, aunque también en Alemania, en Flandes, en las Indias y en otras partes. Además de las muchísimas referencias que hace a los progresos de los ejércitos y armadas, tanto de España como de sus aliados y enemigos, su correspondencia hace mención de viajes reales, de la construcción del palacio del Buen Retiro, de partidas de caza, de fiestas y justas cortesanas, de la llegada a la Corte de importantes personajes, y hasta de los estragos del mal tiempo. Buen indicio de la variedad de fuentes de información que tenía a su alcance, incluso hallándose en la Mancha, es una carta dirigida a Sancho de Sandoval a principios de 1636 (Epistolario completo: carta CLXI) en la que hace mención de cartas particulares, del “ordinario” (el correo local de periodicidad regular), de la prensa extranjera (una gaceta francesa) y del correo internacional entre Flandes y España. En otras ocasiones, lo mismo que Pellicer, Quevedo se refiere también a las relaciones, como cuando termina una carta al duque de Medinaceli diciéndole: “A mi señora la Duquesa beso la mano, y que yo remitiré a su excelencia la relación de las fiestas de Barajas que se hizo por orden de mi señora la condesa de Olivares para inviar a la reina de Hungría” (Epistolario completo: carta CXXIII).

 

Mercedes Sánchez Sánchez (1993a: 296, 297) ha observado acertadamente que muchas de las cartas escritas por Quevedo al duque de Medinaceli y a Sancho de Sandoval contienen “crónicas de la familia real” y que Quevedo “desempeña un papel de cronista, de narrador de algunos momentos de la historia de España.” A la vez comenta con perspicacia el hecho de que Quevedo a menudo ordena cuidadosamente las noticias nacionales e internacionales que refiere, procedimiento que se aproxima al de las gacetas [28]. Buen ejemplo de ello es la carta enviada a Sandoval desde la Torre a finales de 1636 en la cual, habiéndose referido a una “Relación del baptismo del hijo que nació al duque de Medinasidonia”, que remitía a su amigo, y después de haber dado cuenta con bastante detalle de la toma de San Juan de Luz por tropas vizcaínas y de la llegada a Madrid de la princesa de Cariñán, comenta: “Hasta aquí habló la Gaceta” (Epistolario completo: 391), un comentario que indica que él mismo reconocía que una de las modalidades de su correspondencia equivalía a la labor de los gaceteros [29]. En otra carta, de 1638, después de resumir noticias de Italia, Alemania y Flandes, le comenta: “Estos son los sucesos y semblantes del mundo", y luego en otra: "en tanto debo servir con la variedad de la gaceta” (Epistolario completo: 406, 408).

 

No obstante, lo mismo que Pellicer, y a diferencia de la prensa de su tiempo, que omitía sistemáticamente las malas noticias o (a manos de un cronista semioficial como Almansa) realzaba con pomposidad culteranista las relativamente buenas noticias de los primeros años del reinado de Felipe IV, el epistolario de Quevedo ostenta a menudo ironía y sarcasmo al tratar de la vida de Corte, y pesimismo al comentar, especialmente hacia el final de su vida, los desastres de la guerra. Quevedo, menos aún que Pellicer, no se limita a referir, sino que comenta, celebra, lamenta o ridiculiza, las noticias. Ambos autores nos demuestran cómo una minoría de españoles de su tiempo, que tenía acceso a todo tipo de fuentes de información y estaba provista de facultad crítica, pudo estar en condiciones de juzgar la fiabilidad de las noticias que le llegaban y de apreciar el margen de credibilidad que separaba la realidad de las actualidades. Sin embargo, pese a lo mucho que tienen en común, cabe notar que la correspondencia particular de Quevedo difiere en este respecto hasta del servicio informativo montado por Pellicer, pues aunque este último muchas veces ironiza y critica, no llega a deleitarse en satirizar de la manera que es capaz de hacerlo Quevedo. Esta mayor libertad de expresión que caracteriza el epistolario de Quevedo se debe, sin duda, tanto a la mordacidad de su autor como a las mayores posibilidades de explayarse que ofrecía una correspondencia particular con personas de indudable confianza y amistad. 

 

Pellicer y las Relaciones 

No cabe duda alguna de que en general los Avisos de Pellicer corresponden al modelo identificado con el concepto de la gaceta y que difieren del que se conocía como relación. Esto es cierto tanto en lo que se refiere a la periodicidad y regularidad de la producción de los Avisos como porque éstos siguen el patrón de las gacetas en lo que toca a la reunión en un solo escrito de distintas noticias de diversa procedencia. Sin embargo, el mismo Pellicer no deja de poner de manifiesto el papel fundamental que desempeñaban las relaciones en la economía de la producción de noticias en la España del siglo XVII.

 

En efecto, son numerosísimas las referencias a relaciones que se encuentran a lo largo de los Avisos. Muchas veces queda claro que se trata de una relación impresa, pero en general no se especifica si es cuestión de una relación impresa o manuscrita [30]. A veces Pellicer resume una relación o da la noticia escueta de un suceso y luego envía a su correspondiente una relación más pormenorizada del mismo [31], y en una ocasión menciona haberse prohibido la publicación (al menos en Madrid) de relaciones de sucesos de guerra redactadas en prosa [32]. Sin embargo, Pellicer manifiesta más de una vez su evidente desprecio por las relaciones escritas en verso, las cuales se dirigían en general a un público más “vulgar” y menos “discreto”, denunciando en especial las relaciones vendidas por las calles por los ciegos, seguramente relaciones de carácter más “popular” [33]. Una de las características más admirables del papel de gacetero desempeñado por Pellicer, que luego comentaremos más largamente, es precisamente el interés que demuestra en determinar la fiabilidad de las noticias que refiere, y en este sentido son significativas afirmaciones tales como: “Espero dél [del sitio de Tortosa] mejor Relación de la que remito Impressa agora, que está llena de Errores i escrita sin noticias ni orden. Quando salga estotra verdadera embiaré copia” [1642-05-20-01], o “Espérase deste Sucesso [Gravelines] Relación más cumplida, que, como los Avisos por menor van al Rey, acá se saben de passo i por mayor” [1644-07-05-05] [34].

 

Como luego veremos, los Avisos de Pellicer abarcan una gama de noticias más amplia que la que caracteriza las relaciones que se llegaban a publicar. Sin embargo, sobre todo para el lector actual, resulta obvio que uno de sus aspectos más fascinantes reside en el hecho de que mencionen una enorme variedad de tipos de sucesos a los que se solían dedicar las relaciones. Dicho de otro modo, la noción pelliceriana de lo que podía constituir una noticia no estaba en contradicción con la práctica periodística de su tiempo. En primer lugar, se constata fácilmente la preponderancia, tanto en los Avisos como en las relaciones, de reportajes de guerra. Esto no nos debería sorprender, dado que el servicio de información creado por Pellicer surgió en medio de la guerra contra los franceses, ocurriendo las rebeliones de catalanes y portugueses al año, y al año y medio, respectivamente, después de iniciarse los Avisos [35]. Además, en muchas ocasiones Pellicer ofrece reportajes detallados de encuentros bélicos, que, al igual que muchas relaciones, reproducen las capitulaciones convenidas después de la rendición de una plaza y hasta listas de enemigos hechos prisioneros[36]. Luego, también de acuerdo con las prioridades que rigen en la prensa de su época (por ejemplo, tanto en las “relaciones particulares” de Almansa y Mendoza como en las Cartas que se le atribuyen), Pellicer pone mucho énfasis en el estado de salud y en las variadas actividades de la familia real y de los altos funcionarios del gobierno, de la Corte y de la Iglesia: nacimientos, bodas, separaciones, provisiones, ascensiones, entradas en órdenes religiosas, viajes, fiestas, enfermedades, muertes, etc.  [37]

 

Aparte de materia de Estado, los Avisos dejan constancia de numerosas festividades, partidas de caza, fiestas de toros y cañas, representaciones celebradas en el Retiro, certámenes poéticos, ejecuciones públicas, etc., como también de fiestas y actos religiosos y autos de fe. Encontramos también en los Avisos menciones de otros tipos de noticias que se referían más por extenso en las relaciones: sucesos naturales, tales como tempestades, erupciones volcánicas, terremotos, incendios, explosiones y otros tipos de accidente; sucesos sobrenaturales, como por ejemplo milagros, prodigios y portentos; noticias de temática religiosa (el martirio del P. Mastrilli, casos de brujería y de sacrilegio); y, finalmente, varios casos de monstruos y gigantes [38]. Aparte de la coincidencia de tipos de noticias relatadas en las relaciones y en los Avisos, y el hecho de que muchos de estos últimos sigan los procedimientos estilísticos de las relaciones [39], sabemos por boca del propio Pellicer que se le encargó, como mínimo una vez, la redacción de una relación: 

La Relación deste funeral [para los muertos españoles en una batalla cerca de Lérida], encomendó el Duque [de Nájera] a Don Joseph Pelliçer, que la escrivió para embiar a Su Majestad; la qual i lo que los Ingenios de Madrid escrivieron ya en alabança de la Piedad del Rey y de la Grandeça del Duque se está imprimiendo; i por esta Raçón no me alargo más [1644-06-07-07]. 

 

Pellicer gacetero

El carácter epistolar de gran parte de la prensa española de los siglos XVI y XVII se expresa en muchísimos folletos informativos impresos, titulándose innumerables relaciones: Carta..., Copia de una carta..., Carta de aviso..., etcétera. Siguiendo, al parecer, la pauta establecida por la serie de cartas atribuidas a Almansa, Pellicer evita sistemáticamente dar cualquier indicio sobre la identidad de su correspondiente (o correspondientes), incluyendo sin embargo en casi todos sus avisos los suficientes toques estilísticos como para indicar de forma minimalista el carácter epistolar de su servicio informativo, aunque se trate a veces de detalles tan sencillos como sus fórmulas de despedida (“No hay otra novedad”, “No hay más novedad considerable”, “No se ofrece otra cosa”, “Dexolo para otro Correo, y en este no hay mas que avisar”, etc.), seguidas del lugar (siempre Madrid) y de la fecha de redacción [40].

 

Los mismos Avisos nos dejan entrever gran parte del proceso de su propia producción. En especial, normalmente no resulta difícil determinar las fuentes de información en que se basan, pues el propio Pellicer las suele mencionar. Ya hemos aludido a varias, sobre todo a las fuentes escritas e impresas, como gacetas y relaciones. Sin embargo, además de estar en condiciones de enterarse de noticias enviadas por vía oficial desde varias partes de España, como también desde el extranjero [41], Pellicer parece haber mantenido una rica correspondencia particular con personas capaces de informarle de sucesos ocurridos en varias partes de Europa. En este respecto ocupan una posición especial su hermano y su hijo, ambos llamados Antonio Pellicer [42]. A las fuentes escritas e impresas utilizadas por Pellicer, hay que añadir la información privilegiada (informes escritos y orales de embajadores, ministros, rumores de toda índole) a la que, evidentemente, tenía acceso en la Corte madrileña, en la que parece haber estado al corriente de todo lo que merecía la pena saber. Por otra parte, el mismo Pellicer se representa a veces como testigo presencial: “sé de su boca que no va gustoso” [1639-05-17-18]; “cuyas voces oy yo” [1640-06-19-06]; “conté en la Procesión 24 Nietos i Viznietos del Santo” [1640-10-02-06]; “Yo acabava de passar antes por el lado mismo” [1643-10-20-02]; “Yo fui a verle” [1644-08-02-01], etc.

 

Al confeccionar sus Avisos, Pellicer selecciona y configura con cuidado sus noticias, procurando informar ampliamente de las que le parecen más relevantes o de mayor interés para su/s lector/es, o sencillamente de las que le han llegado con más riqueza de detalles [43]. Como ya hemos tenido ocasión de observar, inevitablemente en plena Guerra de los Treinta Años, los reportajes de guerra (en Cataluña, Portugal, Francia, Alemania, Inglaterra, etc.) ocupan gran parte de los Avisos, lo mismo que en muchísimas relaciones y gacetas y en correspondencias particulares. Resulta evidente que Pellicer intenta tener a su/s correspondiente/s siempre al corriente de los últimos acontecimientos bélicos, además de informarle/s de las decisiones tomadas por el gobierno, y de su puesta en práctica, para reforzar y reorganizar los ejércitos españoles. Quizás porque escribe para uno o más miembros de la nobleza, Pellicer ofrece también una crónica detallada de noticias de “sociedad”, especialmente de los hechos de los reyes, del conde-duque y de la alta aristocracia y altos cargos de la Iglesia. Además, incluso cuando relata noticias sobre la economía, colorea sus reportajes con sus propias reacciones y las de sus coetáneos, como cuando declara: “Si á estas nuevas se juntase la de la venida de los Galeones, acabaría de perfeccionar la fortuna tantas felicidades” [1639-06-28-12]. Lo mismo que algunos temas más, como por ejemplo noticias de carácter cultural o de atentados cometidos en las calles de Madrid, los progresos de los galeones de la plata representan uno de los temas que aparecen a lo largo de los Avisos [44].

 

Dichos temas son algunos de los muchos que se echan de menos en las relaciones y gacetas impresas. La explicación de esta importante diferencia no es difícil de adivinar. Mientras que los folletos impresos tipo gaceta se especializan normalmente en noticias de guerra y de la Corte, y las relaciones tratan cada una un solo suceso, Pellicer puede permitirse el lujo de incluir en su gaceta manuscrita noticias breves de menos transcendencia pero de mayor “interés humano”. Sin embargo, hasta en sus frecuentísimas menciones de crímenes sangrientos ocurridos en la capital, es probable que Pellicer tuviera más libertad de expresión que los autores e impresores de relaciones. Estas, aunque a veces referían asesinatos horripilantes, los presentaban como actos totalmente excepcionales, ocurridos casi siempre lejos de la Corte madrileña (ver Ettinghausen, 1993b). Por el contrario, Pellicer nos ha dejado una imagen extraordinaria de desorden público endémico: de amancebamientos, fugas, raptos, casos de honor, atentados callejeros, motines estudiantiles, timos, engaños y robos a mano armada. No son infrecuentes afirmaciones tales como: “Las cosas están de forma, que de noche no se puede salir sino muy armado o con mucha Compañía” [1641-07-30-05], o “no hay noche que no sucedan quatro o cinco Muertos” [1642-06-10-04], y tampoco faltan menciones de detenciones y castigos de sospechosos o criminales [45].

 

En lo que concierne sus noticias de cultura y espectáculos, además de hacer mención de todo tipo de fiestas y de representaciones teatrales presentadas en el Buen Retiro, Pellicer registra (seguramente por sentirse del gremio) la muerte de escritores y artistas, resumiendo su fama en epitafios lacónicos, tales como: Juan Ruiz de Alarcón, "Poeta famoso, así por sus comedias como por sus corcobas, y Relator del Consejo de las Indias" [1639-08-09-02]; Juan de Jáuregui, “Hombre Doctísimo i merecedor de toda buena Memoria” [1641-01-15-07]; Tomás Tamayo de Vargas, “Varón eminente en todo Género de Letras” [1641-09-03-10]; Juan Pablo Mártir Rizo, “Hombre docto i que escrivió muchos Libros, antes casado y después Sacerdote” [1642-08-19-04]; Cosme Lotti, “aquel gran Ingeniero de S.M.” [1643-12-29-06]; y Luis Vélez de Guevara, “bien conocido por más de 400 comedias que ha escrito y por su gran ingenio, agudos y repetidos dichos, y ser uno de los mejores Cortesanos de España” [1644-11-15-01]. En una ocasión Pellicer logra incluso combinar en una sola noticia cultura y crimen: refiriendo la muerte a puñaladas de la mujer de Alonso Cano, “Pintor de Gran fama", Pellicer precisa que "por los Indiçios de disgustos que tenía con ella sobre mocedades suyas, le prendieron i han dado tormento. Negó en él haverla hecho matar” [1644-06-14-06]. Una noticia tal apenas si se halla en ninguno de los folletos informativos impresos de la época, y en ellos tampoco se leen las noticias que da Pellicer sobre la detención y la puesta en libertad de Quevedo [46].

 

En efecto, lo más sorprendente de la producción noticiera de Pellicer es indudablemente su inclusión de noticias inconcebibles en la prensa impresa, la cual estaba sometida a la censura y, al menos en teoría, no se podía publicar sin licencia. Hubo evidentemente la suficiente confianza entre Pellicer y su/s correspondiente/s como para que él se sintiera cómodo contando el contenido de pasquines y de propaganda antiespañola o explicando cómo, en una procesión pública, un labrador grito al rey: “Al Rey todos le engañan. Señor, esta Monarchía se va acabando, i quien no lo remedia, arderá en los Infiernos” [1640-06-19-06] o afirmando que “ha salido agora vn Hijo no legítimo del Señor Conde Duque” [1640-10-23-08], o “Dícese que el Señor Infante, que esté en gloria, dexó vn Hijo i dos Hijas en Dama de gran Sangre” [1641-12-17-05]. El mismo Pellicer se ve capaz, además, de criticar, por escrito, la realeza y la nobleza, como cuando cuenta lo que considera claramente como el comportamiento deplorable de la reina en la representación de comedias en el Buen Retiro: “la Reyna Nuestra Señora, mostrando gusto de verlas silbar, se ha ido haciendo con todas malas i buenas esta misma diligencia” [1640-02-14-04].

 

Mientras que la prensa impresa presentaba por sistema una imagen triunfalista de Iglesia y Estado, Pellicer no deja de informar acerca de sucesos “negativos”, turbios y sórdidos. Así, vemos cómo relata conjuraciones políticas [1641-08-06-06, 1641-10-22-03], la ejecución en secreto de unos espías franceses [1639-05-31-04] y de un fraile que mató a su tía [1643-08-18-12], casos de sodomía [1640-07-31-08, 1640-10-16-06, 1644-11-15-10] y hasta de alguna detención practicada por la Inquisición [1644-09-06-01/02]. En materia política, Pellicer da cuenta también de desavenencias y riñas entre generales españoles [1640-01-10-04, 1642-03-18-06, 1643-09-08-04], mostrándose capaz de criticarlos [1643-10-13-03, 1643-11-17-04] y de informar acerca de excesos cometidos en Cataluña por tropas españolas [1640-02-28-08]. Al igual que Quevedo en su correspondencia, y a diferencia de las relaciones y gacetas impresas, Pellicer no vacila en informar acerca de reveses militares sufridos por España y sus aliados: “la nueva infelicísima, y jamás pensada, de la toma de Salsas [...]. Suceso es este del mayor dolor que aconteció en muchos años” [1639-07-26-01/02]; “No es más feliz la guerra en Alemania” [1639-07-26-04]; “En Cataluña no se mejoran nada los sucesos” [1639-08-09-06]; “De Italia han venido nuevas, mucho más allá de malas” [1639-09-06-03]; “El Jueves por la tarde entró el Señor Conde de Tarouca y los otros seis Caballeros, con el mismo acompañamiento y triunfo que si hubieran ganado a Portugal” [1641-03-12-03]; “Vino la nueva cierta del modo como perdimos el Brasil” [1641-08-20-01]; “La desdichada Nueva de la Pérdida del Señor Don Pedro de Aragón y su Exército [...] la mayor desgracia que ha sucedido a esta Monarchía” [1642-04-15-01], etc. Pellicer tampoco calla malas noticias en materia económica: la baja del vellón y la consecuente subida de los precios [1642-05-06-01] y falta de comida (“ayuda la Voz que corre de que se baja la moneda, causa de que ni se venda nada, ni se hallen Bastimentos en la Corte” [1642-07-01-04]); y una epidemia de insolvencias (“no hay en la Cárcel otra cosa sino Hombres de Negocios presos por haver quebrado” [1644-10-04-10]). Los contrastes entre las cartas impresas atribuidas a Almansa y Mendoza, por una parte, y los Avisos de Pellicer, por otra, corresponden no tan sólo al abismo que separa el optimismo de los primeros años del reinado de Felipe IV del pesimismo imperante veinte años después, sino, obviamente, también a las restricciones impuestas por la censura de la prensa impresa que no afectaban a servicios de prensa escrita a mano. Además, no cabe la menor duda de que Almansa y Pellicer tenían ideas opuestas sobre la función de la prensa. Mientras que a Almansa se le ha llamado, con razón, “panegirista del sistema [autoritario, monárquico-aristocrático]” (Maravall, 1980: 85). Pellicer aparece, si no como comentarista de la “oposición”, al menos como un espíritu crítico e independiente.

 

No menos importante que los temas tratados en los Avisos es la práctica editorial ejercida por Pellicer, pues le revela como un cronista altamente consciente de los problemas inherentes en la comunicación informativa. De hecho, a pesar de algún que otro prejuicio que nos puede parecer ofensivo (en especial, el odio que tiene a judíos y gitanos), Pellicer aparece en general como un redactor extraordinariamente juicioso y prudente. En particular, llama la atención su escrupulosidad en cuanto a la certeza de las noticias que refiere. Es aleccionador observar las distintas gradaciones de certidumbre expresadas en un solo aviso suyo. Tomemos como ejemplo el segundo que fechó en 24 de mayo de 1639: 

Partió de la Corte el Señor Arzobispo [...]. Dicen que sale o salió [...]. Tambien corre voz de que [...]. Nuevas diferentes han venido del Brasil, y contienen las más ciertas que [...]. A mis manos ha venido [...]. Los avisos ciertos que tengo son [...]. De Italia, Alemania y Flandes se esperan correos por instantes. Dios los traiga con buenas nuevas [1639-05-24-03/04/05/06/09/11/14]. 

 

Mientras que las relaciones impresas dejan poco lugar para incertidumbres, pues en la mayoría de los casos pretenden trasladar informes de testigos presenciales y/o versiones oficiales y autorizadas de los hechos que relatan, y muchísimas veces se titulan Relación verdadera o Verdadera relación, Pellicer no tan sólo especifica a cada paso el grado de certeza que atribuye a lo que refiere, sino que muchas veces expresa sus dudas acerca de la veracidad de su información. Ya desde su primer aviso nos encontramos con las siguientes afirmaciones: “Pero esto no lo he bebido en tan buen original que lo afirme por del todo cierto” [1639-05-17-08]; “Mucho es, pero cuéntolo como me lo han referido” [1639-05-17-15]; “No lo tengo por cierto” [1639-05-17-31] [47]. También en otras ocasiones llega a afirmar que no confía en la veracidad de tal o cual noticia que refiere: “A mí se me hace dificultoso creer esto” [1640-10-09-08]; “Ambos rumores son bien ridículos” [1641-02-05-01]; “La Nueva [del asesinato del duque de Braganza] es de calidad, i tan en nuestro favor, que el primero que la duda soy Yo” [1644-01-19-02]. En una ocasión parece que critica implícitamente los medios “oficiales” de comunicación: “En los Achaques de los Reyes no hay más de dos Lances, que es Enfermar i morir, porque hasta que mueren siempre están mejores” [1644-10-11-01], haciéndose aquí, por cierto, eco de una frase aplicada al moribundo Felipe III en la primera de la serie de cartas numeradas atribuidas a Andrés de Almansa [48]. Al relatar hasta rumores en los que él mismo dice que no cree, o cree a medias, Pellicer ofrece un servicio informativo excepcionalmente rico y personal, dejando en último caso que su correspondiente (o correspondientes) saque sus propias conclusiones. Además, es realmente notable el hecho de que, al menos en dos ocasiones, Pellicer comente explícitamente su criterio editorial: 

Otras muchas cosas pudieran escrivirse en estos Avisos de las que passan entre el Vulgo; pero como mi Instituto sólo se estiende a sólo aquello que es digno de Escritura, lo desprecio. Porque mentira de ociosos no acostumbro escrivirlas: Sátiras ni hablas de mal intencionados, Hombres como yo no las avisan; ni creo que las manos a donde llegan mis Papeles las recivieran de buen semblante. Assí que quando estos avisos llevaren pocas novedades, no se ha de atribuir a falta de diligencia, sino de Sucessos; que o no los hay, o los que corren son sin substancia o fundamento [1640-01-03-23];

 

De todo lo dicho mucho puede ser cierto i no cierto, porque, como no Ay Correos seguros, cada vno añade o inventa como le parece. Yo quito mucho de lo que oygo, i sólo escrivo lo que sale de los mejores originales [1641-01-08-06]. 

 

O sea que prefiere omitir noticias dudosas que incluir sátiras, verdades a medias o mentiras [49].

 

Entre los méritos del servicio informativo proveído por Pellicer hay que contar, además de su manera de presentar sus noticias como muy frescas y hasta de última hora [50], el hecho de que ofrezca a sus lectores, no tan sólo los “hechos”, sino también comentarios y análisis crítico-histórico-políticos. Parece que es el cronista real quien habla al emitir el juicio: “Es de ponderar que, ha más de un siglo, que no se han visto tantos Españoles juntos en campaña” [1639-06-28-08], o bien: “Trágicos serán cassi los más de los Avisos de oy i, sobre trájicos, extraordinarios, quales apenas no ha visto la Monarchía de España ni muchas de las Antiguas” [1640-06-12-01], o: “fue la Pérdida de Gravelingas la mayor que ha sucedido cinquenta años ha” [1644-09-13-02]; pero es el comentarista político quien opina: “Tanto puede la confianza que tienen los soldados en el Consejo de Guerra” [1639-05-31-05]; “Esto todo me parece bueno para hablado, no para obrado” [1640-03-27-10]; “parece impossible tenga ya lugar la Concordia” [1640-11-06-03]; etc. Algunos de sus comentarios son dignos de compararse con los más pesimistas y sarcásticos de Quevedo [51].

 

En conclusión, resulta evidente que Pellicer (como, diez años más tarde, Jerónimo de Barrionuevo (1968-1969)) ofrecía a su/s cliente/s una visión privilegiada de las actualidades que le/s permitía ver mucho más allá de las versiones expurgadas de las mismas contenidas en la prensa impresa. Lo que pierden los Avisos en cuanto medio de comunicación de masas, lo ganan claramente en libertad de expresión. Bajo el régimen absolutista de su tiempo (lo mismo que bajo otros más recientes), no había más alternativas. Gracias a gaceteros particulares como Pellicer y Barrionuevo, podemos hacernos una idea de la realidad tal como se apreciaba a mediados del siglo XVII en círculos bien informados de la Corte madrileña. Los individuos que no pertenecían a tales círculos, o que por hallarse lejos de Madrid no tenían acceso al circuito de avisos, gacetas, relaciones o cartas particulares, no tenían más remedio que contentarse con relaciones impresas que presentaban versiones oficiales, cuidadosamente seleccionadas y extremamente parciales. 

 

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Notas 

[*] Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación HUM-2005-02482-FILO ("Diego de Saavedra Fajardo —1584-1648— y las corrientes intelectuales y literarias del humanismo").

[1] Una primera versión del presente trabajo se preparó para un volumen de estudios que debía acompañar la edición de los Avisos de Pellicer publicada en 2002 (Pellicer de Tovar, 2002-2003) y que no se llegó a publicar. Todas las citas de los Avisos se remiten a esa edición, citada en adelante como Pellicer.
[2] Hoy en día, se suele hablar de relaciones de sucesos. Ver la excelente bibliografía de las mismas contenida en el web dirigido desde la Universidade da Coruña: http://www.bidiso.es/BORESU.
[3] Para citar un solo ejemplo, el 13 de junio de 1627 se proclamaron unas disposiciones que ordenaban: “Asimismo no se impriman ni estampen relaciones ni cartas, ni apologías ni panegíricos, ni gazetas, ni nuevas [...] sin que tengan ni lleven primero examen y aprobación en la corte de uno de los del Consejo que se nombre por comisario de esto” (citado en Memoriales y cartas, 1981: 184).
[4] Ver por ejemplo el folleto, impreso en letra gótica, titulado Esta es vna relacion verdadera, auida por cartas de personas dignas de fe: de las cosas que a gloria de dios y honrra de la religion christiana ha[n] sucedido [...], 8 hs., Sevilla, Bartolomé Pérez, s.a.. Una de las noticias que contiene es la de una victoria contra los turcos conseguida por Andrea Doria (muerto en 1560).
[5] Ver, por ejemplo, Relacion de novelas curiosas y verdaderas, de vitorias y casos sucedidos en mar y tierra, en España, Francia, Italia i Co[n]stantinopla [...], 2 hs., Sevilla, Juan Serrano de Vargas, 1620; Avisos de Alemania y estado de las cosas del exercito catolico, y del Conde Palatino. Embiados por los Padres de la Compañia que assisten en aquellas partes, a los de la casa Professa desta ciudad de Sevilla [...], 2 hs., Sevilla, Francisco de Lira, 1621; Relacion de avisos de Roma, Flandes, Sicilia, Alemania, Francia, Florencia, y Argel [...], 2 hs., Sevilla, Juan Serrano de Vargas, 1621; Brusselas, a 30. de Maio 621. Relacion de las cosas del inperio [...] (2 hs., Sevilla, Francisco de Lira, 1621); Relacion nueva, y verdadera, en que se avisan muchas cosas de Italia, y de las victorias que han tenido contra el Turco los Reyes de Polonia, y Vngria, en que le han desbaratado, y muerto mucha gente, este año passado de 1624 [...], 2 hs., Madrid, Diego Flamenco; luego Sevilla, Simón Fajardo, 1624. Ver también Espejo y Alías, 2006; Espejo, 2011.
[6] Por ejemplo, Relacion y avisos verdaderos [...] que a dado el confidente o espia secreta que ay en Constantinopla [...], 2 fols., Sebastià i Jaume Matevat, 1624; Avisos de Genova de onze de Iulio de la venida del Excellentissimo Duque de Feria de Alexandria de la Palla [...], 2 fols., s.l. [Barcelona], Sebastià i Jaume Matevat, 1625.
[7] Para la posibilidad de que Andrés de Almansa y Mendoza fuese el iniciador no tan sólo de la serie de cartas noticieras (principalmente de la Corte madrileña) que se le atribuyen, casi todas las ediciones de las cuales se publicaron sin pie de imprenta, sino también de estos impresos que relatan noticias llegadas de toda Europa, ver Ettinghausen, 1994a.
[8] Breue, y ajustada relacion de lo sucedido en España, Flandes, Alemania, Italia, Francia, y otras partes de Europa, desde fin de Febrero de mil y seiscientos y treinta y siete, hasta todo el mes de Diziembre de mil y seiscientos y treinta y ocho, 4 hs., Madrid, viuda de Juan González, 1639.
[9] Ver Almansa y Mendoza, 2001: 292-300 y 310-326. La serie de cartas ya se atribuye a Almansa en la única edición moderna de las mismas publicada antes de ésta (Almansa y Mendoza, 1886).
[10] Todas las citas de Almansa provienen de Almansa y Mendoza, 2001.
[11] Stradling (1988: 41, n. 13) le llama “a client of Benavente, and a fanatical supporter of the new anti-Lerma regime”. En realidad, en las cartas almansianas se nota mucho entusiasmo hacia Felipe IV, y bastante menos hacia el Conde-Duque.
[12] Los Grandes anales de quince días, de Quevedo, cuyo prólogo lleva la misma fecha que esta segunda carta de Almansa, trata de la misma revolución palaciega que marcó el comienzo de la reformación general de la política española llevada a cabo por el conde-duque de Olivares. Para una comparación de las relaciones de dichos cambios hechas por ambos autores, ver Ettinghausen, 1998: 151-161.
[13] Sáiz (1990: 40) expresa una opinión consagrada por los historiadores de la prensa española al comentar: “a pesar de las constantes protestas de su autor, parece evidente que [las cartas de Almansa] tenían como finalidad no confesada su inmediata publicación”.
[14] Para los detalles de las ediciones coetáneas de estas cartas, ver Almansa y Mendoza, 2001: 134-137.
[15] Para las muy pocas ediciones de las cartas almansianas que tienen títulos más específicos, y en las que a la vez constan la fecha y lugar de la impresión y el nombre del impresor, ver Almansa y Mendoza, 2001: 134-147.
[16] Sobre la Gazette francesa, ver Bellanger et al., 1969: 83-95.
[17] Gazette, núm. 61 (impresa en León de Francia, 5 de junio de 1641): 309.
[18] Compárense versiones catalanas de los mismos hechos en Ettinghausen, 1993a: núms. 16 y 18. Puede compararse también la versión que da Pellicer del socorro de Ivrea y Chivasso librado por el príncipe Tomás de Saboya (1641-06-18-01) con la relación detallada que se encuentra en la Gazette impresa en León de Francia del 5 de junio de 1641. Compárese también “Hase descubierto vna Conjuración en Lisboa contra el Duque de Bragança, que ha sido harta desdicha [...]” (1641-08-13-08) con “Il a esté decouuert vne grande trahison contre le Roy de Portugal, dont je vous envoyeray les particularitez au premier jour” (Gazette, impresa en León de Francia a 18 de setiembre de 1641), suceso que se relata detalladamente en la Extraordinaire fechada en 17 del mismo mes.
[19] Ver, a título de ejemplo: “En quanto á las novedades de Italia y Perpiñán, no se sabe más de lo que corre por esas dos gacetas impresas que remito” [1639-07-12-08]; “Entre las nuevas que traen las ga[c]etas Francesas...” [1639-07-19-06]. Resulta sorprendente que, en plena guerra con Francia, se pudiera tener acceso en Madrid a la prensa francesa.
[20] Por ejemplo, en los avisos del 18 de agosto de 1643, en los que Pellicer comienza párrafos sucesivos de la siguiente manera: “De Roma avisan, en Cartas de 18 de Junio, que [...] Tambien avisan, en Carta de Milán de 10 de Julio, que [...] De Venecia dicen, en Carta de tres de Julio, que [...] Dicen otrosí, de Viena, en Carta de 1º de Julio, que [...] De Londres vienen nuevas de 10 de Julio que [...] De Dunkerke, en Correo de 13 de Julio, se sabe que [...] Avisan de Bruselas a 18 de Julio que [...]” [1643-08-18-02/03/04/05/06/07/08].
[21] Para las respuestas a la Proclamación católica, ver 1640-10-23-04, y Quevedo, La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero (Quevedo Villegas, 1946-1953: I, 281-286). La censura de El fénix de Pellicer redactada por Quevedo en 1628 se reproduce en Quevedo Villegas, 1946-1953, II, 495. Para el comentario sobre una obra quevediana escrito posiblemente por Pellicer, ver López Ruiz, 1991a. El mismo autor discute la atribución a Quevedo de un panfleto confeccionado a base de una obra de Pellicer (López Ruiz, 1991b). Iglesias Feijoo (1983) señala algunos de los contactos profesionales habidos entre Quevedo y Pellicer. Aunque dicho artículo no hace mención alguna de los Avisos, sí cita (p. 198) la siguiente frase, harto sugestiva, que aparece en una carta escrita por Quevedo a Pellicer en mayo de 1628: “las nuevas que vuestra merced me dio por nuevas me divirtieron y hicieron mucho.”
[22] Ver Quevedo, 1946 (en adelante Epistolario completo), y Quevedo, 2005.
[23] Ver Pellicer, 1642-08-19-04, 1642-09-09-01/02; Epistolario completo: 443-444, 446; y Pellicer, 1642-08-12-06; Epistolario completo: 446.
[24] Ver Pellicer, 1642-08-12-02, 1642-08-26-13, 1642-09-16-01; Epistolario completo: 444-445.
[25] La primera referencia que encontramos en los Avisos a la caída de Perpiñán corresponde al aviso del 16 de setiembre; la primera que encontramos en el epistolario de Quevedo se halla en la carta al P. Pimentel fechada dos días después.
[26] Ocurre lo mismo en la carta CXLIII, en la que reserva para una sola frase del último párrafo noticias de interés general.
[27] Para la correspondencia de Quevedo con Sancho de Sandoval, ver Sánchez Sánchez, 2002.
[28] Ver también Sánchez Sánchez, 1994, y Ettinghausen, 1994b.
[29] En otras ocasiones Quevedo resume noticias casi telegráficamente, como por ejemplo en carta del 26 de diciembre de 1636 al mismo Sandoval: “El ordinario del domingo me avisaron que se había publicado la pracmática del papel sellado. Lo de Picardía va mal. El Sr. Infante se ha retirado, deshecho su ejército, a Bruselas. Lo de Alemania no va bien, por la batalla que los suecos han dado a la gente de Sajonia y Brandemburc. Perdióse una nave de la India de Portugal” (Epistolario completo: 392).
[30] Ofrezco los siguientes ejemplos: [1] Relaciones impresas: “Las Nuevas de la Vitoria de Alemania que embié en los Avisos passados, se han confirmado por Correo del Emperador, de las quales se ha estampado mas cumplida Relación, la qual remito Impressa” [1641-05-14-01]; “de su Vida i Maldades [es decir, de Miguel de Molina] se espera Relación impressa” [1641-08-06-04]; “Por otra parte los Catalanes han impresso Relaciones contrarias” [1642-02-04-01]; “El Buen Sucesso del Señor Marqués de la Hinojosa [...] ha venido muy por extenso en sus Relaciones i, porque se ha de imprimir presto, sólo digo [...]” [1642-02-11-01]; “Remito la Relación del Encuentro que tuvo el Señor Marqués de la Hinojosa [...]. Es de las más puntuales que se han impresso” [1642-02-25-05]; “Essa Relación impresa de la Muerte del Rey de Francia remito” [1643-07-21-11]; [2] Relaciones impresas o manuscritas: “dicen en las Relaciones que ha tenido Su Majestad” [1640-12-25-03]; “Aora va la Relación del Encuentro que a 11 del Passado tuvieron nuestras Armas con las Enemigas, i que ofrecí en los Avisos passados” [1641-07-09-03]; “Del socorro de Tarragona ha venido Relación cumplida. Embíasela con los Avisos del Ordinario siguiente” [1641-07-23-01]; “Juntamente embío essa Relación de vnos Volcanes de Canaria; no sé qué Verdad tenga” [1642-02-25-06]; “No hay otra novedad más de que ha salido esa relación de Orán” [1642-04-15-05]. Sería interesante poder identificar las relaciones impresas mencionadas por Pellicer, pero sus referencias son en general demasiado imprecisas como para que esto sea factible.
[31] Resúmenes de relaciones: “como consta de la relación que vino á Su Magestad, cuya copia tengo, y ceñiré aquí sumariamente” [1639-10-04-07]; “Por haber tenido una copiosa relación de Salsas, traída á Su Magestad, que contiene casi todo lo sucedido desde que el enemigo intentó socorrerla, me ha parecido ceñirla aquí sumariamente” [1639-11-22-01]. Envíos de relaciones: “Por haver venido Relación más puntual i copiosa del Sucesso de Flix, la resumiré aquí con brevedad, aunque en los Avisos passados la referí por mayor” [1643-09-29-01]; “Esto se sabe por mayor, en viendo la relación se escribirá por menor” [1643-12-29-09]; “Ha venido más copiosa Relación, confirmando la Correría del Señor Marqués de Torrecuso” [1644-04-05-06]. El interés que Pellicer tiene en la rapidez de su transmisión de noticias se pone de manifiesto en el hecho de referir en sus Avisos casi exclusivamente información que aún no se ha impreso o que no se podría imprimir.
[32] “Dos Vitorias del Brasil i de Italia, cuyas nuevas han venido estos días, remito escritas en Coplas, porque en Prosa tienen por materia de Estado: que no se imprima ninguna, ni dan Liçencia para ello” [1640-03-27-06]. La gran mayoría de las relaciones impresas en el siglo XVII llevan en su portada o colofón las palabras ‘Con licencia’.
[33] “Los ciegos venden essa Patarata, que remito, sobre ciertos Prodigios que se han visto en Constantinopla i Sueños del Turco. Ya puede ser tenga alguna apariençia de verdad. Si bien, como está tan lejos, no es fácil la averiguación” [1640-02-28-15]; “Parte de lo dicho i otras circunstancias, contiene essa mala Relación que pregonan los Ciegos. Dicen se escrive Otra muy cabal” [1640-07-10-02]. Otras referencias a ‘relaciones de ciegos’: “Los Ciegos venden essa Relación de vn Moro Baptiçado en Nápoles” [1640-11-13-08]; “Los Cavalleros de Malta nos entretienen agora, i en su Nombre los Ciegos, con la Relación que va con ésta de no sé que Vitoria de sus Galeras” [1640-12-04-08]. Compárese: “En Valladolid han hecho Justiçia estos días de vn Cabo de Vandoleros muy nombrado, llamado Salgado. Murió muy arrepentido, i de su Muerte, Conversión i delitos traen los Ciegos vna Relación en Verso” [1644-05-17-04]; “Al haver salido Su Magestad a la Campaña i puéstose delante de sus Tropas, ha impreso vn Gran Romance el Señor Conde de Coruña, que remito” [1644-06-14-02]. Para la relación entre noticias publicadas en verso y en prosa, por una parte, y un público lector ‘vulgar’ o ‘discreto’, por otra, ver Ettinghausen, 1995b. Para el papel de los ciegos en la diseminación de las relaciones, ver García de Enterría, 1995; Cátedra, 2000, 2002.
[34] La referencia a “estotra verdadera” recuerda el hecho de titularse habitualmente las relaciones Relación verdadera, Verdadera relación, Relación muy verdadera, etc.
[35] Simón Díaz (1972) documenta medio millar de relaciones del siglo XVII, en prosa y en verso, de batallas terrestres y navales.
[36] Ver sus reportajes de la rendición de Salses [1640-01-03-13], de Monzón [1643-12-08-01] y de Lérida [1644-08-16-04/05], y la lista de muertos españoles en la batalla de Montjuic de 1641 [1641-02-19-02] y la de enemigos hechos prisioneros en Nordlingen a finales de 1643 [1644-01-26-05]. Compárese (Ettinghausen 1993a: núms. 5, 6, 56, 60, 112, 142, 143, 144) listas de principales prisioneros, (núm. 68) la capitulación de Monzón, (núms. 75 y 78) la de Perpiñán, (núm. 79) la de Salses, (núm. 138) la de Rosas, (núm. 202) la de Barcelona. Pueden compararse dos ediciones de una relación catalana de la batalla de Montjuic (Ettinghausen, 1993a: núms. 5, 6)) con la relación que da Pellicer de la misma batalla [1641-02-12-01/02/03].
[37] Entre las numerosísimas provisiones que mencionan los Avisos, ver 1639-07-26-09, 1639-10-11-01, 1641-11-19-06/07, 1642-01-07-02, 1642-05-13-05; 1643-09-15-04. Para la relación de fiestas en los Avisos, ver Étienvre, 1999.
[38] Ver, a título de ejemplo, los siguientes avisos: partidas de caza [1639-11-01-01]; toros [1641-07-30-06]; cañas [1641-10-08-04]; Buen Retiro [1640-07-03-01]; certámenes poéticos [1642-08-19-03]; ejecuciones públicas [1641-08-06-04]; fiestas religiosas [1644-06-28-01], autos de fe [1640-06-04-09]; desastres climáticos [1642-01-21-01]; volcanes [1643-10-13-09]; terremotos [1642-08-19-02]; incendios [1639-07-19-08]; explosiones [1639-08-16-01]; otros tipos de accidente [1643-10-20-02]; milagros [1640-06-12-01]; prodigios/portentos [1641-08-13-10]; la campana de Velilla [1642-03-25-07]; martirios [1643-11-10-09]; brujas [1639-11-01-03]; sacrilegios [1639-12-13-01] (Pellicer tiene también una fuerte obsesión con los judaizantes y, sobre todo, con los financieros judíos portugueses traídos a España por iniciativa de Olivares [1640-04-24-01]). Ver también sus avisos sobre monstruos [1639-11-08-05], partos monstruosos [1643-10-20-01] y gigantes [1641-02-05-03]. Para relaciones impresas que tratan de tales temas, ver Ettinghausen, 1995a.
[39] Reportajes estilo relación: derrota española en Montjuic [1641-02-12-01/02/03/04/05]; muerte del Infante D. Fernando [1641-12-03-01/02/03/04/05/06]; derrota sufrida por Pedro de Aragón [1642-04-15-01/02/03/04]; ataque portuguesa contra Monterrey [1642-09-16-03]; victoria española en Lérida [1644-05-24-01/02/03/04/05/06/07/08]; la translación del Santísimo Sacramento de San Ginés a su iglesia nueva “cuya Relacion es ésta” [1644-07-26-05/06/07/08]; o muerte de la reina [1644-10-11-01//02/03/04/05/06/07, 1644-10-18-01/02/03/04].
[40] El mismo Pellicer se refiere varias veces a sus propios correspondientes o corresponsales: por ejemplo “Remito con ésta Copia Impressa de la Carta original del Señor Don Francisco de Melo” [1642-06-24-08].
[41] Considérense los siguientes pasajes: “Días ha que no tenemos correo de Italia, de Alemania y Flandes” [1639-06-21-07]; “Ayer Lunes fue en Madrid memorable el día con tres avisos que llegaron” [1639-06-28-09]; “Ha llegado aviso de Alicante por Valencia” [1639-08-23-01]; “De Italia, Alemania y Flandes se esperan correos” [1639-10-25-01]; “Hay cartas de Colonia en que avisan...” [1639-11-08-04]; “Las Cartas de las Indias han traído algunas Novedades que dan Cuidado...” [1640-01-10-01]; “De Italia, Flandes ni de Alemania no tenemos aviso fresco” [1640-04-24-04]; “De Cataluña faltó el Correo el Sábado, cosa que ha puesto a los Ministros en confusión i cuidado” [1640-08-21-02]; “han venido avisos Impresos” [1640-08-28-08]; “Ha causado mucha admiración la falta del Correo de Córdova” [1640-09-18-05].
[42] Por ejemplo: “Ha llegado de Tarragona, despachado por el Señor Marqués de la Hinojosa, el Capitán Juan de Graneda con aviso de la Traición que se havía descubierto en aquella Plaça, haviendo tomado Dios por instrumento para revelarla vn muchacho de 17 años, que es Don Antonio Pellicer (Hijo mayor de Don Joseph Pellicer), el qual, como ya he avisado, fue prisionero a Barcelona, siendo Alférez de Coraças de su tío Don Antonio” [1642-05-20-04]. Otro correspondiente suyo nombrado por Pellicer es Sancho de Ursúa [1641-11-19-01]. En algunas ocasiones no nombra a sus fuentes particulares: “Sólo de mi correspondiente tengo carta” [1639-09-13-04].
[43] Nótese un pasaje en que se desprende la frustración que siente Pellicer al no tener noticias de peso para relatar: “Ha sido fuerça con avisos tan menudos llenar este Pliego, porque de Italia, Flandes i Alemania no han llegado Correos; i lo demás todo está suspenso” [1643-08-25-11].
[44] La suerte de la flota de la plata es una de sus obsesiones: Ver, por ejemplo, 1639-07-19-01, 1641-07-09-01, 1643-07-21-01.
[45] Ofrezco los siguientes ejemplos: motines estudiantiles en Salamanca [1644-11-29-01], asesinatos [1639-07-05-02], casos de honor [1640-03-13-14]; amancebamientos [1644-09-27-06, en este caso, de un regidor de Madrid con una actriz], fugas de monjas [1641-12-17-02], raptos [1643-07-28-07], robos [1642-06-03-04], timos y estafas [1639-09-13-06] y ejecuciones [1644-05-17-04].
[46] Ver 1639-12-13-02, 1639-12-27-12, 1640-01-10-07, 1643-07-14-12. Sin embargo, en la Carta 4 de la serie atribuida a Almansa se menciona otra prisión de Quevedo ocurrida casi veinte años antes (Almansa y Mendoza, 2001: 200).
[47] Compárese: “he oído decir” [1639-05-31-13], “por otra voz que corre, muy mala” [1639-05-31-14], “me lo asegura el espía mayor de Valencia” [id.], “Mas esto es adivinar solamente” [1639-06-28-12], “Y hay quien diga que [...]” [1639-08-02-10], “Según tengo entendido” [1639-08-02-11], “He sabido por cosa cierta” [1639-08-16-06] “Corre voz de que [...]” [1639-08-23-08], “Pero de su boca misma sé que [...]” [1640-01-03-05], “Paréceme que puedo assegurar que [...]” [1640-03-06-04], “Y aun añaden otro rumor, que también le escrivo por indecisso” [1643-10-06-03]; “Corre voz [...] ni lo contradigo ni asseguro” [1644-04-05-08].
[48] Compárese: “Fuese prolongando el mal, y médicos y camaristas desmentían los miedos del pueblo con palabras de mejoría, que los reyes el primer día están malos y todos los demás mejores” (Almansa y Mendoza, 2001: 167).
[49] En algunas ocasiones Pellicer ofrece varias versiones o varias opiniones acerca de un mismo hecho (ver, por ejemplo, 1644-02-09-02).
[50] Considérese, por ejemplo: “Después de aver escrito, supe cómo en Madrid abrá dos horas que sucedió [...]” [1640-07-24-n].
[51] Por ejemplo: “Van empeorando las Cosas de Cataluña a toda prisa” [1640-10-30-01], “El día del Corpus se vio en Madrid grande gala i biçarría, como si no tuviéramos a las Puertas la Guerra” [1641-06-04-07]; “Dios nos socorra, que por todos lados está bien tejida la Guerra” [1642-05-06-05].